Vamos a necesitar paciencia y mucho tacto cuando la pandemia nos permita juntarnos de nuevo. En el proceso de adaptación cada uno irá a su ritmo y tendremos que respetar los miedos y los límites que todos querremos mantener un tiempo.

Cuántas veces, desde que comenzó la pandemia, hemos pensado en el momento del reencuentro. En ese día en el que podamos acercarnos a nuestros familiares, amigos y compañeros y darles un abrazo espontáneo, un beso que se antoja de repente, un apretón de manos, una caricia o unas palmaditas en la espalda. Ese día en que volvamos a ver cara a cara a muchas personas que formaban parte de nuestro microcosmos precovid. Quizá imaginemos escenas emotivas, grandes palabras, una reconexión mágica e instantánea. Y probablemente nos equivoquemos. ¿Y si por fin podemos achuchar a nuestra abuela ya vacunada pero ella tiene miedo y parece rehuirnos? ¿Y si organizamos una comida con nuestra cuadrilla y parte de nuestros amigos del alma no quieren asistir porque aún tienen miedo? ¿Y si notamos que esa compañera de trabajo, con la que tan bien nos llevábamos, se muestra muy fría? ¿Y si nuestros hermanos se empeñan en abrir todo el rato las ventanas y limpiarlo todo con toallitas cuando les visitamos? ¿Nos parecen exageradas estas situaciones? Pues no. Van a ocurrir estas y muchas más (el catálogo es infinito, claro). Y el momento de la verdad está cada vez más cerca con el avance de las vacunaciones: probablemente volveremos a ser seres sociales antes de que termine el año. Pero no va a ser todo fiesta y cohetes. «Al principio vamos a sentirnos descolocados e incómodos, con ansiedad», advierte la psicóloga Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva. «Y dependerá mucho de la edad, de dónde se ha vivido la pandemia y de cómo se ha llevado», añade Alicia López Losantos, psicóloga y socióloga. He aquí unas pautas para afrontar nuestra ‘resurrección’ social y afectiva.

Cuidado con las expectativas

Es mejor, desde ya, no idealizar demasiado la vuelta a la normalidad, «ya que seguramente encontraremos a los demás ‘raros’ o ‘diferentes’», avanza Cataluña. Da igual que sean seres queridos muy cercanos o compañeros de trabajo que nos son más o menos indiferentes, los veremos distintos, pero debemos estar preparados y pensar ‘bueno, es lo normal, es parte del proceso’. «La cautela va a ser necesaria, porque desde las mismas instancias gubernamentales no nos dan mucha tranquilidad y habrá incertidumbre», agrega López Losantos.

No querer retomar las cosas donde las dejamos

Mucha gente cree que, simplemente, retomaremos las cosas (las relaciones) donde las dejamos. Como si el tiempo y una pandemia no hubiesen pasado. «Este es un error cognitivo muy frecuente. Pasa, por ejemplo, cuando una pareja se da una segunda oportunidad, que piensan que lo retoman en el mismo punto, con la sensación de que el tiempo no ha dejado un poso. Y en este caso va a ser lo mismo», indica Dafne Cataluña. Así que es conveniente tener en cuenta, ya antes de los reencuentros, que el tiempo no se paró en marzo de 2020. «Esto nos hará pensar al principio que las otras personas, con las que estábamos muy unidas, ya no son tan naturales e igual nos sentimos menos queridos», apunta la fundadora del IEPP, quien da una receta para ‘superar’ este mal trago inicial: «Ir poco a poco». «Nos hemos tenido que acostumbrar a relaciones sociales más superficiales…», apunta López Losantos a modo de justificación.

Honestidad y amabilidad

Vamos a tener que tener mucha paciencia. Y, si nos sentimos incómodos o inseguros, ¿qué hacemos?, ¿disimulamos? «No. Hablarlo. Hay que tratar el tema con honestidad y amabilidad. No vale ser muy sincero y que suenes tan directo que parezcas frío y dejes al otro herido o haciéndole sentir criticado», advierte Cataluña. Es decir, mucho tacto y mucha diplomacia sobre los límites, las mascarillas, la distancia social… Habrá muchos puntos de fricción. «No hemos cambiado nosotros, pero sí la forma de relacionarnos, que no es lo mismo», dice López Losantos.

Despacito

Como la canción de Luis Fonsi, sí. Tenemos que retomar nuestras relaciones y vida social des-pa-ci-to. Eso nos va a suponer un esfuerzo, dice la psicóloga. «Cuando lancemos mensajes a los otros debe haber un periodo de reflexión previa, ya que, ante un estado de alarma, el cerebro tenderá siempre a buscar soluciones rápidas y ahí pueden venir los errores de comunicación. Se necesita mucho respeto y comprensión», aconseja Cataluña. Para ir poco a poco, aconseja que, cuando comencemos «a consumir ocio y libertad, para evitar los lógicos ‘empachos’ y ansiedades, es mejor no exponerse de sopetón». «Haremos lo que se llaman aproximaciones sucesivas: un listado de diez situaciones que nos causan aprensión o inquietud (dar la mano, ir sin mascarilla, abrazar…) que vayan de menos a más. Y empezamos a trabajar por las más fáciles para ir subiendo».

Humor

Es la llave maestra para superar las incomodidades y apuros del principio. «Es una fortaleza muy útil. Permite rebajar la tensión del momento y ayuda a que seamos más resilientes», asegura Cataluña. Además de desdramatizar, si nos reímos de nuestros propios temores, damos pie a los demás, que estarán como nosotros, para que se expresen y hagan lo mismo. «Es que vamos a tener que hablar mucho, mucho, mucho», recomienda.

 

 

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