Alicia López Losantos - Doctoralia.es

Me llama la atención el movimiento que, a nivel sociológico, estamos viendo en la forma de hablar de las rupturas. La ruptura de pareja ha pasado de vivirse en silencio a exponerse públicamente y Casos como los de Shakira, Aitana o Rosalía han puesto encima de la mesa algo que va más allá de la música: no solo cuentan lo que han vivido, sino que construyen un relato sobre ello, deciden cómo se muestra, qué lugar ocupa el otro y, sobre todo, qué imagen proyectan de sí mismas después de la ruptura. Y eso, más que una anécdota mediática, refleja un cambio mucho más profundo en la forma de vivir y expresar el dolor en las relaciones.

¿Cómo ha cambiado la ruptura de pareja en los últimos años?

Durante décadas, la separación pasó de ser un asunto público marcado por el juicio —donde la mujer era señalada como responsable del fracaso— a convertirse en algo que, poco a poco, fue llevándose al ámbito de lo privado, de lo íntimo, de lo que se resolvía sin exposición. Sin embargo, en los últimos años estamos viendo un nuevo giro: la ruptura vuelve a ocupar un espacio público, pero desde una posición distinta. Ya no es la sociedad la que señala a la mujer, sino que, en muchos casos, es la propia mujer la que expone lo ocurrido y señala al otro a través de su relato.

Y aquí aparece algo interesante.

Algunas personas llaman a esto empoderamiento. Yo, en muchos casos, lo leo de otra manera: como una necesidad de apoyo, de validación o incluso, a veces, como una forma de devolver el daño.

Porque no toda exposición implica haber elaborado lo que ha pasado.

A veces, lo que se presenta como fortaleza sigue estando muy cerca de la herida.

Y esto no invalida el dolor, ni la necesidad de expresarlo, pero sí nos obliga a hacer una distinción importante: expresar no es lo mismo que integrar. Contar lo que ha ocurrido no implica necesariamente haberlo entendido, ni haberlo colocado en un lugar que permita seguir adelante sin necesidad de que el otro quede definido públicamente por esa historia.

Por eso, más allá de la narrativa visible, la pregunta relevante sigue siendo otra: qué se hace internamente con lo que ha ocurrido. Porque el empoderamiento real no pasa por señalar, ni por construir un relato que necesite sostenerse desde fuera, sino por un proceso mucho más silencioso y menos visible, en el que uno puede entender, integrar y cerrar sin depender de la mirada de los demás.

Entender la ruptura de pareja desde esta perspectiva permite ir más allá del relato y acercarse a lo que realmente ocurre a nivel emocional.

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