Alicia López Losantos - Doctoralia.es

Hay algo que se repite cada año cuando empieza el buen tiempo y que muchas personas reconocen, aunque no siempre sepan explicarlo. En consulta lo escucho con bastante frecuencia: “estoy mejor, pero no sé por qué”, “es como si saliera de un invierno más apagado”, “de repente tengo más ganas de hacer cosas… y también de replantearme mi relación”. Este cambio tiene mucho que ver con el estado de ánimo en primavera, que en algunas personas se modifica con la luz, la energía y el ritmo del cuerpo.

Sabemos por la investigación en ritmos biológicos que la luz influye en sistemas como la melatonina y la serotonina, directamente relacionados con el sueño, la energía y el estado de ánimo. Por eso, cuando aumentan las horas de luz en primavera, en muchas personas se observa una mayor activación, mejor descanso y, en algunos casos, una sensación subjetiva de mayor bienestar. No es algo universal ni ocurre en todo el mundo igual, pero sí es una tendencia suficientemente descrita como para tenerla en cuenta.

A partir de ahí, lo que empieza a ser interesante no es solo el cambio físico o biológico, sino lo que ese cambio permite. Cuando una persona tiene más energía o más disponibilidad emocional, también tiene más capacidad para mirar su vida con cierta perspectiva. Lo que durante meses se ha sostenido sin demasiadas preguntas —por rutina, por adaptación o simplemente por falta de energía para cuestionarlo— empieza a revisarse de otra manera.

Y eso incluye la relación de pareja.

No porque haya aparecido un problema nuevo, sino porque cambia el lugar desde el que se vive lo que ya existía. A veces aparece una necesidad de mayor conexión, más ilusión o más implicación emocional. Otras veces surge una incomodidad difícil de concretar, como si algo que antes encajaba dejara de hacerlo sin una razón evidente.

¿Cómo influye el estado de ánimo en primavera en la pareja?

No hay evidencia clara de que la primavera genere crisis de pareja ni de que exista una relación directa entre la estación y las rupturas. Pero sí sabemos que el estado emocional influye en cómo percibimos nuestras relaciones, en lo que necesitamos, en lo que esperamos del otro y en lo que estamos dispuestos a sostener.

Y en ese sentido, es razonable que cuando una persona se siente más activa, más abierta o más conectada consigo misma, también mire su relación desde otro lugar.

Nos gusta pensar que nuestras decisiones son estables y racionales, pero lo cierto es que estamos más influidos de lo que creemos por factores como la luz, el ritmo biológico o el contexto en el que vivimos. La diferencia es que podemos tomar conciencia de ello, y esa conciencia cambia por completo la forma en la que interpretamos lo que sentimos.

Este cambio en el estado de ánimo en primavera no siempre se percibe de forma consciente, pero sí influye en cómo vivimos nuestras relaciones. A veces hacia el acercamiento, a veces hacia el cuestionamiento, y en otras ocasiones hacia decisiones más claras que llevaban tiempo gestándose sin llegar a formularse.

La clave, quizá, no está tanto en lo que sentimos, sino en entender de dónde viene eso que sentimos. Porque no todo lo que aparece en un momento determinado responde necesariamente a una realidad profunda; a veces también es reflejo del estado en el que estamos.

Y ahí es donde merece la pena detenerse, porque entender el estado de ánimo en primavera puede ayudarnos a interpretar mejor lo que sentimos y evitar conclusiones precipitadas.

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