Alicia López Losantos - Doctoralia.es

Autoayuda, libros y redes: cuando las etiquetas sustituyen al análisis de las relaciones

Cada vez más personas llegan a consulta convencidas de una idea:

“Mi pareja es narcisista.”

No lo dicen como una duda.
Lo dicen como un diagnóstico cerrado.

Lo han leído, lo han escuchado en un podcast, lo han visto en un carrusel de Instagram.
Y, según esa información, su pareja encaja al cien por cien.

Trabajo en terapia de pareja y esta escena se repite con frecuencia. No solo con parejas:
“Tengo un jefe narcisista.”
“Mi amiga es narcisista.”
“Estoy rodeada de narcisistas.”

La palabra narcisista se ha vuelto cotidiana, popular, aparentemente clara.
Y ahí empieza el problema.

Cuando la divulgación ayuda… y cuando empieza a hacer daño

Es importante decirlo con claridad:
la divulgación psicológica ha traído cosas muy valiosas.

Hoy muchas personas:

  • identifican mejor las líneas rojas en las relaciones,
  • saben que el respeto no es negociable,
  • detectan dinámicas de manipulación,
  • empiezan a poner límites donde antes callaban.

Eso es un avance.
Y no conviene minimizarlo.

El problema aparece cuando ese conocimiento se convierte en etiqueta rápida, en explicación única, en respuesta para todo.

Como si hoy solo existiera un tipo de conflicto de pareja:
👉 estar con un narcisista.

No todo lo que duele es narcisismo

En consulta he visto casos muy distintos que, desde fuera, parecían lo mismo.

Recuerdo especialmente a una persona que llegó convencida de que su pareja era narcisista.
Había leído mucho, había comparado conductas, había hecho listas.
“Cumple todos los puntos”, me dijo.

Con el tiempo, lo que apareció no fue tanto narcisismo, sino una dinámica claramente maltratadora.

Y esta diferencia no es un matiz técnico.
Es una diferencia profunda, con implicaciones emocionales, clínicas y vitales muy distintas.

Cuando todo se mete en el mismo saco:

  • se confunden conductas,
  • se confunden riesgos,
  • y se confunden las decisiones que una persona necesita tomar.

El gran error de nuestra época: confundir conducta, defensa y estructura

No todas las personas que hieren:

  • son narcisistas,
  • ni tienen un trastorno,
  • ni encajan en un perfil clínico.

A veces:

  • se defienden como saben,
  • repiten modelos aprendidos,
  • reaccionan desde su propia herida,
  • o no tienen recursos emocionales suficientes.

Eso no justifica el daño,
pero explicarlo todo como narcisismo tampoco ayuda.

Porque una vez que alguien es etiquetado así:

  • la categoría se vuelve rígida,
  • el entorno la refuerza,
  • y cualquier intento de matizar queda invalidado.

La persona ya no es alguien con un funcionamiento concreto:
es “el narcisista”.

Y las etiquetas, cuando se usan mal, también pueden ser una forma de violencia.

Psicología no es autoayuda (aunque se parezca en Instagram)

No soy especialmente partidaria de los libros de autoayuda aplicados de forma literal a la vida real.
No porque no puedan invitar a reflexionar, sino porque están dirigidos al gran público.

Y las personas —y las parejas— no funcionan en serie.

Si todos tuviéramos los mismos problemas:

  • todos reaccionaríamos igual,
  • todos sanaríamos igual,
  • y todos necesitaríamos las mismas soluciones.

Eso no ocurre en ningún ámbito serio de la salud.
Tampoco en el relacional.

Diagnosticar vínculos por internet: una analogía peligrosa

Nadie:

  • se diagnostica una enfermedad física leyendo un post,
  • ni se automedica con lo primero que encuentra en Google.

Sabemos que eso es peligroso.

Sin embargo, en las relaciones:

  • se diagnostica,
  • se etiqueta,
  • se sentencia,
    con una ligereza preocupante.

Como si el sufrimiento emocional no necesitara el mismo rigor que el físico.

Y lo necesita. Mucho.

Si algo no va bien en tu relación, no lo etiquetes: analízalo

Este artículo no pretende decirte:

  • si tu pareja es o no narcisista,
  • si estás o no ante un maltrato,
  • ni qué decisión deberías tomar.

Porque eso no se decide en un artículo, ni en un vídeo, ni en una conversación de redes.

Lo que sí pretende es lanzar una llamada de atención clara:

👉 Si algo en tu relación te duele,
👉 si te sientes confundido/a, desgastado/a o invalidado/a,
👉 si algo no encaja aunque no sepas ponerle nombre,

no lo diagnostiques desde internet.

Analízalo.
Con calma.
Con profundidad.
Y con profesionales formados para hacerlo.

Las relaciones no se entienden por etiquetas.
Se entienden por historias, dinámicas y contextos.

Y cuando se trata de tu bienestar emocional,
mereces algo más que una palabra de moda.

Autor

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