Alicia López Losantos - Doctoralia.es

Hay series que no se ven solo para entretener.
Se quedan dentro, incomodan, remueven y, casi sin darnos cuenta, nos obligan a mirar nuestra propia realidad desde otro lugar. Porque al hablar de pareja y familia de origen, no solo hablamos de amor, sino de estructuras, lealtades y condicionamientos que muchas veces pasan desapercibidos.

El caso Murdaugh: Crimen de una dinastía es una de ellas.

Más allá del crimen, del morbo o del true crime, la serie retrata algo mucho más cotidiano de lo que nos gustaría admitir: el peso de la pareja y de la familia cuando el amor ya no es suficiente para sostenerlo todo.

La paradoja de la libre elección de pareja

Vivimos en una sociedad que se define como libre.
Libres para elegir con quién estar, con quién casarnos, con quién formar una familia.

Sin embargo, en la práctica, muchas parejas continúan juntas no tanto por elección emocional, sino por condicionamientos externos:

  • la familia
  • los hijos
  • las hipotecas
  • el estatus social
  • las expectativas del entorno

Resulta paradójico que, en una época en la que hombres y mujeres pueden decidir libremente con quién compartir su vida, sigamos actuando bajo presiones sociales y económicas muy similares a las de sociedades que solemos criticar.

La libertad formal no siempre se traduce en libertad real.

Los conflictos se perdonan, pero no siempre se olvidan

En la serie, como en muchas relaciones reales, aparecen problemas de pareja que se perdonan.
Y aquí conviene decir algo importante: no todos los conflictos rompen una relación.

Muchas parejas superan:

  • infidelidades
  • malas contestaciones
  • etapas de distanciamiento
  • momentos de crisis o desconexión

De hecho, las infidelidades —aunque socialmente señaladas— no son la primera causa de ruptura.

Lo que verdaderamente cuesta superar con el paso del tiempo es la falta de confianza.

La grieta que deja la mentira

No es tanto el error puntual lo que destruye una relación, sino:

  • la mentira sostenida
  • el engaño prolongado
  • el actuar a espaldas de la pareja
  • el ocultar información relevante durante años

Cuando alguien confiesa solo porque ha sido descubierto, la herida es más profunda.

El perdón puede llegar, pero la memoria emocional permanece.
Y la confianza rota deja una grieta que cuesta mucho rellenar.

No siempre porque no haya amor, sino porque ya no hay seguridad.

La familia de origen: el tercer elemento en la pareja

Otro de los grandes ejes que atraviesa El caso Murdaugh es la familia.
Y aquí entramos en uno de los factores más complejos —y a veces más negados— en las rupturas de pareja.

La familia de origen es una de las principales causas de conflicto cuando:

  • se prioriza a los padres o hermanos frente a la pareja
  • la pareja queda en segundo plano
  • las decisiones no se toman desde el “nosotros”

Esto se intensifica cuando hablamos de grandes sagas familiares, donde:

  • existe poder
  • hay dinero
  • se comparte trabajo
  • hay dependencia económica
  • el patriarca o la matriarca ejercen una fuerte influencia

En estos contextos, salir emocionalmente de la familia es extremadamente difícil.

Cuando el silencio sostiene lo insostenible

Cuando la familia lo resuelve todo —problemas económicos, legales, laborales— también puede silenciar los conflictos de pareja.

Lo que no funciona:

  • no se habla
  • se minimiza
  • se justifica
  • se pasa por alto “por el bien de la familia”

Pero lo no hablado no desaparece.
Se acumula.

Y muchas parejas sobreviven más por lealtad familiar que por bienestar emocional.

Pareja, familia y condicionamientos reales

Con todo esto, lo que queda claro es que la estructura familiar y la pareja son sistemas profundamente complejos.

No se sostienen solo en:

  • el amor
  • el compromiso
  • la buena intención

Cuando una persona forma una pareja, no lo hace en el vacío.
Forma pareja dentro de su propia familia de origen y dentro de la familia de origen de su pareja.

Eso genera condicionamientos, lealtades y tensiones que deben ser miradas y valoradas.

Porque, en la práctica, priorizar la familia nuclear —la que formamos con nuestra pareja, con nuestros hijos o incluso hoy en día con nuestras mascotas— no siempre es fácil, ni automático, ni socialmente respaldado.

Una reflexión final

Quizá una de las grandes trampas contemporáneas sea creer que el amor lo puede todo.
No lo puede todo si no se acompaña de:

  • límites claros
  • confianza
  • autonomía emocional
  • capacidad de separarse simbólicamente de la familia de origen

Series como El caso Murdaugh no solo hablan de crímenes.
Hablan de estructuras familiares que pesan, de parejas atrapadas y de decisiones que no siempre se toman desde la libertad, sino desde la lealtad, el miedo o la dependencia.

Y mirarlas también es una forma de mirarnos.

Si te ha gustado ¡Compártelo en tus redes!