Alicia López Losantos - Doctoralia.es

Introducción
Ayer participé en una entrevista telefónica en el programa La Cadiera de Aragón Radio con Lorenzo Río. Prepararme para esta conversación me hizo reflexionar sobre cómo ha cambiado la Navidad en nuestras vidas. Lo que antes era sinónimo de reunión familiar, alegría y celebración, hoy se transforma en situaciones más complejas: hijos que deciden no pasar las fiestas con sus padres, padres que se quedan solos, y parejas que optan por celebrar por separado. Fenómenos cada vez más frecuentes que reflejan cambios profundos en cómo vivimos la familia, los vínculos y el cuidado emocional.

Parejas que celebran por separado
Cuando una pareja decide dividir las celebraciones entre sus propias familias, no es una traición ni significa que uno elige a su familia antes que a nosotros. La realidad es más generosa: muchas veces, se busca dedicar estos días a estar con padres o abuelos que ya son mayores, a compartir momentos que durante el resto del año no serían posibles. Es un gesto de cuidado hacia ellos y hacia nuestra relación, no un abandono.

Entenderlo así transforma la percepción: no se trata de “escoger” entre pareja y familia, sino de crear espacios de vínculo que respeten a todos. Cuando no hay hijos de por medio, es más sencillo; sin expectativas externas, la estrategia fluye con naturalidad. La clave es la comunicación: acordar, pactar y aceptar que la Navidad puede repartirse, sin perder intimidad ni conexión con la pareja.

Hijos que no visitan a sus padres
Este fenómeno, poco discutido, requiere una mirada sensible. Algunos hijos adultos deciden no pasar la Navidad con sus padres, y detrás hay emociones profundas. Durante la vida, pueden haberse sentido incomprendidos, poco apoyados o juzgados en decisiones que consideran fundamentales para su desarrollo: relaciones, proyectos de vida, cambios importantes.

Esa falta de comprensión deja marcas duraderas. Con el tiempo, algunos optan por mantener solo un contacto cordial, evitando compartir tiempo e intimidad durante fechas señaladas. No lo hacen por indiferencia ni rebeldía: buscan proteger su equilibrio emocional y cuidar de sí mismos.

Hablar de esto es difícil, da vergüenza, y existe miedo al juicio social. Pero reconocer la realidad permite mirar la situación con empatía: los padres solos merecen comprensión, y los hijos que toman esta decisión también merecen ser entendidos, aunque socialmente se perciba como “distanciamiento”.

Cómo vivir la Navidad sin que duela
La clave está en hablar, negociar y pactar con nuestra pareja antes de que lleguen los días complicados. Anticipar posibles tensiones, establecer reglas claras y recordar que cada familia tiene sus propias dinámicas ayuda a que las reuniones sean un espacio de cuidado y disfrute, no de conflicto.

Ser flexible, permitir que cada quien celebre a su manera y cuidar las emociones de todos —propias y ajenas— es lo que realmente marca la diferencia. La Navidad no tiene por qué ser perfecta, pero sí puede ser un tiempo en el que estemos presentes, con cariño y comprensión, sin sacrificar nuestra paz ni la de los demás.

Si quieres escuchar todo lo que comenté sobre estos fenómenos sociales y descubrir más claves para vivir la Navidad sin conflictos, te invito a escuchar mi intervención completa en La Cadiera de Aragón Radio:

Si te ha gustado ¡Compártelo en tus redes!